.En Tigre desde 1760.

 El antiguo poblado de Tigre remonta sus orígenes a fines del siglo XVI, cuando a poco de la segunda fundación de Buenos Aires, surgió como puerto fluvial en la desembocadura del Paraná, convirtiéndose en punto intermedio de la ruta comercial entre la nueva ciudad, Asunción y las tierras del litoral.

El río Las Conchas, del que tomará su nombre (actual Reconquista) era el límite de las tierras de pan llevar y por ahí entraban y salían los productos que venían del norte, en especial Paraguay, Corrientes y Santa Fe. Del mismo modo, salían los que se producían en los pagos de Montes Grandes, mayoritariamente cereales, frutas y otros cultivos.

El puerto y su caserío fueron creciendo a medida que el tiempo transcurría. Sus primeros habitantes, labriegos, pescadores, artesanos y comerciantes, vivieron de ese comercio y eso les permitió a algunos de ellos como los Ponce de León y Sagastume, consolidar su posición y convertirse en vecinos prominentes de la región.

Para dar una idea de la importancia comercial del puerto de Las Conchas y su pueblo, hemos de mencionar que a fines del siglo XVIII funcionaban allí un astillero y nueve aserraderos, los que proveían de madera a la ciudad de Buenos Aires, donde era empleada en diversos usos.

Dado el paulatino aumento poblacional, los primitivos tigrenses sintieron la necesidad de una capilla donde escuchar misa y rezar. Las distancias que los separaban de Merlo y San Isidro, localidades que contaban con sus propias iglesias, tornaban muy dificultoso el desplazamiento, sobre todo en tiempos de lluvia o crecidas y eso los impulsó a efectuar el pedido a las autoridades.

Hay quienes dicen que a poco de surgir el caserío se levantó un oratorio donde hoy se alza la iglesia parroquial pero no existen constancias de ello.

El vecindario deberá esperar hasta 1730 cuando se produjo la llegada de los primeros frailes franciscanos, quienes venían a establecer un hospicio y si bien veinte años después, bajo su guía, comenzó a funcionar la capilla contigua, es de suponer que oficiaron misas, impartieron bendiciones y asistieron de alguna manera a la feligresía.

El Puerto de Las Conchas dependía del curato de San Isidro, cuya capellanía fue fundada el 14 de octubre de 1706.

A fines de 1805 se reunieron en el atrio el cura párroco; el sargento mayor Carlos Belgrano (hermano del creador de la bandera y comandante militar de San Fernando) y numerosos vecinos para tratar el traslado de los pobladores a esa localidad. Por ser un lugar elevado, estarían a cubierto de las crecidas y de los peligros que las mismas implicaban. Sin embargo, pese a que muchas familias optaron por emigrar, la mayoría de los vecinos se quedaron, afrontando con coraje, los vendavales, las inundaciones, la plaga y otros peligros.

Tanto la iglesia como el pueblo fueron testigo de hechos relevantes de nuestra historia nacional.

El 4 de agosto de 1806 desembarcaron frente al actual Museo de la Reconquista, las fuerzas de Liniers, las cuales se dirigían a Buenos Aires para expulsar al invasor inglés.

Después de pasar la noche en la propiedad de don Martín José de Goyechea (y posiblemente en los terrenos de la iglesia también), las tropas reanudaron la marcha, hacia el cercano San Fernando, en cuya plaza vivaquearon. Vecinos de ambas localidades se unieron a sus filas y combatieron heroicamente contra el poderoso enemigo extranjero.

Era párroco de Tigre, por entonces, el padre Juan José Bellido y alcalde de la Santa Hermandad don Vicente Pérez de Santa Marina, sucesor de Juan Domingo Lima.

En 1810 el vecindario siguió con expectación los sucesos de mayo y a partir de ese momento, comenzó a padecer los ataques de corsarios realistas procedentes de Montevideo, quienes en más de una oportunidad lograron desembarcar y cometer pillaje.

Se dice también que en 1813 la parroquia fue testigo del paso de una parte del recientemente creado Regimiento de Granaderos a Caballo al mando de San Martín, en su camino a San Lorenzo.

Entre el 19 y 20 de agosto de 1820 un nuevo temporal y su correspondiente crecida arrasaron el poblado y con él, el edificio de la iglesia. Muchos vecinos sucumbieron arrastrados por las aguas y la gran mayoría lo perdió todo. Desde hacía años el puerto y su caserío se hallaban sumidos en el más completo abandono y la gente apenas vivía de la labranza de sus chacras, la pesca y el acarreo. Poco había crecido el número de habitantes desde 1812 cuando el padrón arrojaba la escasa cifra de 60 familias.

En 1760 los franciscanos edificaron una capilla en el terreno donde hoy se halla la Inmaculada Concepción, a la que pusieron bajo la advocación de Santa María del Puerto de Las Conchas.

De acuerdo con investigaciones efectuadas por historiadores locales, se produjo un entredicho con uno de los mayores propietarios de la comarca, don Mateo Ramos, quien exigía una indemnización porque, a su entender, el edificio se iba a alzar en terrenos de su propiedad.

La pequeña iglesia fue construida con el aporte de los vecinos, entre quienes destacaban por su celo, doña Magdalena Bonelos y el estanciero Juan Ponce de León. El material utilizado fue el adobe, tejas musleras españolas y vigas de madera para su techo a dos aguas. En su frente destacaba una cruz y a un costado un pequeño campanario de quebracho proveniente del Paraguay,

Tres años después, la pequeña iglesia fue elevada a viceparroquia de San Isidro. Eso elevó su categoría y la convirtió en epicentro de una importante actividad, prueba de lo cual fue la Cofradía de la Misericordia y Ánimas fundada por don Juan Vidondo, la cual nucleó a los principales vecinos de la localidad. Su función primordial: alabar al señor, socorrer al necesitado y brindar asistencia a los pobres.

En 1770, los franciscanos, apoyados por los cofrades y otros vecinos solicitaron que la iglesia fuese declarada parroquia. Dos años después, el obispo de Buenos Aires, Mons. Dr. Manuel Antonio de la Torre, le dio curso al trámite. Sus límites eran: La cañada de Morón, San Nicolás de los Arroios (así escrito, con "i"), Capilla del Señor, Arrecifes, San Pedro, Coronda, los límites de la Iglesia Matriz de Montevideo y la Bajada del Paraná.

Gracias a la intervención del gobernador Martín Rodríguez, se erigió un nuevo templo cuyo estilo y apariencia sirvieron para dar forma al edificio actual.

El 30 de enero de 1854 el presbítero Juan Agustín Argüello elevó un pedido al juez de paz Agustín Martínez, solicitando la madera del buque de la marina de guerra "9 de Julio", encallado en la desembocadura del río Tigre, para construir con ella los portones del templo. Obtenida la aprobación por parte del ministro de Gobierno, Irineo Portela, el sacerdote puso manos a la obra, asistido por vecinos del pago.

Cuatro años después, se celebraron las primeras Fiestas Patronales por el río.

En octubre de 1861, el vecindario juró en su parroquia la nueva Constitución Nacional; durante las epidemias de cólera y fiebre amarilla, el padre Gerónimo Rebagliatti destacó por su entrega y dedicación visitando enfermos y constituyendo comisiones de asistencia como las que funcionaban en Buenos Aires.

Dado el avanzado estado de deterioro en el que se encontraba el edificio, en 1875 se decidió la construcción de un nuevo templo. La vieja iglesia fue derribada y en su lugar fue construida una nueva, cuya piedra fundamental colocaron el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Dr. Carlos Tejedor y su señora esposa, Edelmira Ocampo.

El vecindario vio surgir un edificio de estilo barroco, más acorde con los tiempos que se vivían.

Paredes de ladrillo revocadas y bóvedas imitando la piedra, pisos de baldosas decoradas y ventanas "vitreaux" fueron sus características, además de los cinco retablos, enriquecidas con la imagen de la Inmaculada Concepción que fue entronizada en el altar mayor; el Sagrado Corazón en el crucero de la izquierda, San José en el de la derecha y el Cristo Crucificado en una pared lateral de la nave, las cuales subsisten hasta hoy, lo mismo las tres campanas que se encuentran en la espadaña.

La obra que demandó la suma de $461.880,11 y estuvo a cargo del reconocido ingeniero Adolfo Buttner, uno de los fundadores de la Sociedad Central de Arquitectos.

Su inauguración, el 25 de mayo de 1881, coincidió con los festejos de la fecha patria.

Con el fin de honrar la memoria de su hermano, Miguel T. Sala, intendente municipal de Tigre en 1890, la señora Inés Sala de Cobo donó el dinero para la edificación del salón parroquial. Las obras comenzaron en 1921 y finalizaron el 19 de mayo de ese mismo año. Se trata del edificio de estilo normando que se alza a la derecha del templo, proyectado por los arquitectos Real de Azúa y Eduardo Madero y construido por la empresa Russo & Modestini.

En 1944, el padre Eduardo J, Grondona resolvió darle al exterior de la iglesia el mismo aspecto que lucía en 1820, basándose para ello en un cuadro al óleo que existía en dependencias parroquiales. La edificación barroca desapareció dando lugar al actual, obra del arquitecto Enrique Lanús. La ceremonia de inauguración se llevó a cabo el 12 de octubre de 1945 y durante la misma hizo uso de la palabra el escribano Lizardo Vidal Molina a quien siguió el Coro de Damas de San Isidro, dirigido por la señora Graciela Berro Madero de Molina.

Veinte años después, el párroco Joaquín Fernández encaró las modificaciones "postcoinciliares" en el interior, colocando el altar en su actual ubicación y en 1970 se inauguró el pabellón destinado a los consultorios médicos, obras que encaró el ingeniero Francisco Silveyra en base a los planos elaborados por el arquitecto Carlos Mendioroz.

El paso de los años vio desfilar por las diferentes comisiones parroquiales a vecinos caracterizados de Tigre, entre ellos el mencionado escribano Vidal Molina, Juan Milberg, Pascual Costa, Fermín Montes de Oca, Inés Salas de Cobo, Luis María García Lawson, Carlos White, Melquíades Sáenz Briones y Oscar Milberg.


En 1775 el RP Martín Ramos fundó la Cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, a la que se unieron antiguos y destacados vecinos como Juan Navarro, Gerónimo García, Diego José Arana y Antonio Gutiérrez.

Uno de los hitos más importantes de la historia eclesiástica local fue la designación del padre Manuel Saturnino de San Ginés como cura párroco, hecho que tuvo lugar el 23 de diciembre de 1797. Hombre de acción y emprendimiento, a él se deben, entre otras cosas, la erección de la capilla de Nuestra Señora de Aránzazu en el Alto de Punta Gorda, actual San Fernando (1802); el traslado de buena parte de los pobladores de Las Conchas a ese lugar cuando el feroz temporal del 4, 5 y 6 de junio de 1805 arrasó la población y con ella su templo, y lo más importante, el resguardo de los libros y objetos de culto.

Un relato de la época nos brinda una idea de las proporciones catastróficas que alcanzó la sudestada:

"El día 4 de ese mes, las aguas comenzaron a crecer a gran velocidad y el 5 arreció la sudestada, con lo que la situación alcanzó proporciones de catástrofe. El antiguo pueblo de Las Conchas quedó cubierto por el agua cuyo nivel, dentro de las casas, llegó al metro y medio. Las viviendas, precarias en su mayoría, quedaron en la más completa ruina y sus moradores tuvieron que buscar refugio en los techos.

Los que acudieron en busca de protección a la antigua iglesia de la Inmaculada Concepción, ubicada en un sitio algo elevado, se encontraron con que la marea había alcanzado su interior. El aspecto que ofrecía el templo era lamentable, con los bancos flotando y el oleaje sacudiendo los confesionarios y arrojándolos contra el altar y las paredes laterales, incluso se llegó a temer por su derrumbe.

La gente huyó como pudo, la mayoría en botes y canoas. El temporal siguió arreciando todo el 6 y recién el 7 comenzó a amainar. El viento dejó de soplar y las aguas comenzaron a bajar. Sin embargo la magnitud del desastre fue enorme; no quedó un solo rancho en pie y las casas de material sufrieron tremendos daños"

El 6 de octubre de 1803, la Inmaculada Concepción recibió la visita pastoral del célebre obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, aquel que tomó parte en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 a favor del rey, quien por entonces efectuaba un viaje de inspección por las iglesias, capillas y oratorios de su jurisdicción.

En el patio de la iglesia, yacen sepultados los restos de Martina Sarratea de Liniers y Francisca Paula Liniers, esposa e hija del héroe de la Reconquista, Conde de Buenos Aires y virrey del Río de la Plata entre 1809 y 1810. A un costado del frontispicio se encuentran los de antiguos pobladores del pago, removidos de su lugar original durante las obras de remodelación que se llevaron a cabo en 1945; a la derecha de la entrada está enterado el RP Antonio García Boado y algo más allá, el presbítero Juan Agustín Argüello, quien fue trasladado hasta allí en 1860, a pedido de su hermana Guillermina.

Antiguos objetos de culto como casullas, un manípulo, purificadores, cíngulos, estolas, albas, capas pluviales, misales en español y latín, libros de oración, mitra del primer obispo de San Isidro, relicarios, candelabros de bronce, báculos, un confesionario, estampas, imágenes, cetros, lámparas de pie de hierro y una araña de hierro, se encuentran expuestos en el Museo de la Reconquista, sobre la calle Liniers, frente mismo a donde se produjo el desembarco de Liniers.

A lo largo de estos 250 años, trabajaron, en sucesión continua cincuenta y nueve sacerdotes y un número indeterminado de vicarios cuyo apostolado mucho incidió en el progreso y desarrollo del partido de Tigre y su zona de influencia, incluyendo el Delta y la vecina San Fernando, desde sus remotos orígenes en el siglo XVI. Lo hicieron codo a codo en el pueblo, los vecinos, los grandes benefactores, sus autoridades y mentores.

Los primeros colonos, quienes se establecieron por vez primera en su suelo, ya sea en tierra firme como en las islas, mucho es lo que le deben.

Tomando en cuenta estos antecedentes; visto y considerando el rol que la parroquia jugó en el crecimiento y desarrollo de la localidad, su historia y su evangelización, solicitamos su designación como Lugar Histórico.

Creemos que el caso particular de la Plaza Bartolomé Mitre de San Fernando (Decreto Nº 1840 del 11 de julio de 1983), podría llegar a ilustrar a los integrantes de esa Comisión. La concreción de este proyecto nos lleva a creer con convicción que incentivará a la ciudadanía a conciencia de su pasado, tradiciones y riqueza cultural.

Hoy contingentes de turistas llegan hasta la iglesia, atraídos por su historia, su valor arquitectónico y su imaginería, conscientes, la mayoría, de la significación que sitio tan egregio posee no solamente en la historia local sino, también la provincial y nacional.


Podemos decir que nuestra parroquia fue el sueño de los primeros pobladores que llegaron al Riode la Plata con Garay:


En síntesis, justo es reconocer al obispo fray Pedro de Fajardo (fallecido en 1729), al gobernador Bruno Mauricio de Zavala y al Cabildo Eclesiástico en sede vacante, la decisión de erigir en la comarca bonaerense seis parroquias: Magdalena con sede interina en Quilmes, Matanza y Conchas con sede interina en Merlo (trasladada a Morón en 1776), Monte Grande o Costa con sede en San Isidro, Luján en el santuario homónimo, Areco en San Antonio de Areco, y Arrecifes con sede interina en Baradero; de éstas se desprenden: en 1772 las parroquias de Pilar y Capilla del Señor; en 1774 Puerto de las Conchas (Tigre) y en 1780 Magdalena, San Vicente, San Pedro, Arrecifes, y San Nicolás de los Arroyos separada de Rosario de Santa Fe.